

18/05/2009: Los componentes de la expedición MASTERJAI SUMMER ROCK FESTIVAL llevamos ya unos días en Manila. A nuestra llegada, tras un interminable vuelo Loiu-Munich-Hongkong-Manila, filipinas nos recibió con un puñetazo de calor en la cara. Sin embargo, el encanto caótico de esta perla en el mar de China nos embrujó de inmediato. El fin de semana lo dedicamos a aclimatarnos al horario perverso marcado por las tempranas salidas de sol y sus precipitadas puestas, que nos despiertan las unas a las cinco treinta de la mañana y nos desconciertan ,las otras, cuando acontencen al filo de las seis de la tarde. Como dependemos tanto de la luz, es lo malo de la tele, nos ha costado hacernos con el ritmo necesario para poder realizar las grabaciones que teníamos pautadas. Además, el sol siempre en todo lo alto, es lo que tiene el ecuador, nos ofrece la mayor parte del día un luz muy plana, difícil de dominar.
Las primeras tomas las realizamos en Batangas, un precioso lugar junto al mar que merece el título de auténtico paraíso. El mar es plano como un espejo y las mareas, perezosas, se suman al lento ritmo del tiempo en Filipinas. En una típica embarcación llamada “banka”, similar en forma y tamaño a las polinesias pero con dos estabilizadores en vez de uno, comenzamos a registrar la costa desde el mar, en compañía de unas cervezas heladas y un barquero, con un solo diente, que enseguida se interesó en ayudarnos... Con las cervezas. Ofició de maestro de ceremonias Miguel Carrión, tan elegante en hospedarnos, como lo fue en canchas y cosos. Nos demostró como conoce los fogones en una cena memorable, que armonizó la tranquilizadora presencia de Alix Yu, y una partida de poker entre amigos, que de haber ido en serio nos hubiera hecho a la mayoría inmensamente pobres y a nuestro compañero Trini, que aprende rápido, inmensamente rico. Completamos la noche paseando entre marismas, a la marea baja, acompañando a los pescadores de gambas. La magia de la noche la completó Miguel, cuando nos dio la oportunidad de dormir al sereno, cosa que algunos aceptamos gustosos desconocedores de la épica pelea que tuvimos que mantener con unos pertinaces escarabajos que entre otras virtudes, tenían el tamaño de una pelota de golf. El día después, llegó el llanto y el crujir de dientes. La expedición por la costa de Batangas nos pillo de sorpresa y no llevábamos protección contra el sol. A consecuencia de ello, la mayoría de nosotros lucimos ahora un insano color de alemán en Benidorm, tan estridente como doloroso.
La siguiente jornada la dedicamos a la ciudad de Manila, donde nos encontramos con sus dos viejos frontones, uno es propiedad del gobierno y convertido en un solar abandonado, y el otro, aun en pie, reconvertido en centro comercial. Acompañados de Eneko Ugarte, puntista de masterjai y buen conocedor de Manila, puesto que está casado con una filipina y conoce el idioma Tagalog, iniciamos una desalentadora jornada bajo la lluvia, en la que las cámaras se negaban a funcionar por condensación, que terminó de forma muy positiva con una cena de equipo, Gorka, Iker, Trini y quien suscribe, complementados por Raúl, nuestro chofer y Teresa, Beth y Dana que nos guiaron por la ciudad y nos quitaron de encima la tan importante pero onerosa labor de “script”. Beth, que fue “boletera” en el frontón de Harrison plaza, nos inició en los secretos de Chinatown, una especie de microespacio en Manila del que cuesta sustraerse.
Las visitas de hoy comenzarán por intramuros, y continuarán por el mayor centro comercial de Asia el “Asia Moll” para terminar compartiendo experiencia con las familias más humilde de Manila, entre las que se encuentran algunas que viven literalmente en los vertederos.
De forma paralela el festival ya ha tomado su forma definitiva, con 17 grupos en concierto “non Stop” durante 17 horas. Pero de eso… Ya hablaremos otro día.